La transformación digital plantea nuevos retos para la regulación audiovisual en el Perú: proteger a las audiencias, reducir brechas y actualizar las reglas para un ecosistema donde conviven medios tradicionales y plataformas digitales.
La forma en que consumimos información cambió. Hoy una persona puede ver televisión, escuchar radio, revisar TikTok, entrar a una plataforma de streaming o seguir una transmisión en vivo desde su celular. Todo ocurre en un mismo ecosistema audiovisual, pero no todos los actores tienen las mismas reglas.
Ese fue uno de los principales temas abordados en el conversatorio organizado por el Consejo Consultivo de Radio y Televisión (CONCORTV), un espacio que puso en discusión los desafíos de la regulación audiovisual en el Perú. El debate partió de una preocupación central: cómo actualizar las normas para responder a los cambios digitales sin afectar la libertad de expresión ni el derecho de las audiencias a recibir contenidos de calidad.
El fin de la asimetría regulatoria.
Actualmente, el país cuenta con más de 8,200 estaciones de radio y televisión que operan bajo reglas estrictas de contenido y obligaciones fiscales. Sin embargo, los servicios de streaming (OTT) y las plataformas digitales carecen de una supervisión similar, lo que genera una «asimetría regulatoria». Los especialistas proponen transitar hacia una regulación tecnológicamente neutra, donde las obligaciones no dependan del soporte técnico (cable, internet o antena), sino de la responsabilidad editorial del emisor.
Bajo este enfoque, cualquier plataforma o creador de contenido con audiencias masivas que seleccione y organice material para informar, entretener o educar debería cumplir con estándares mínimos de protección al menor, accesibilidad y veracidad.
Hacia un regulador independiente
Una de las propuestas centrales discutidas es la creación de una autoridad audiovisual autónoma e independiente del Poder Ejecutivo. Este organismo tendría la capacidad de actuar de oficio ante contenidos que vulneren derechos fundamentales, como la incitación al odio o la desprotección de la infancia, sin que ello signifique una amenaza de censura.
Actualmente, el sistema de autorregulación es calificado como insuficiente. Datos oficiales revelan que solo el 1% de las radios y el 2% de los canales de televisión han elaborado códigos de ética propios, mientras que la gran mayoría se acoge por defecto a la norma ministerial, lo que sugiere una falta de compromiso real con la creación de reglas de conducta personalizadas.
Descentralización y educación.
La reforma propuesta también pone el foco en las regiones. Se destaca que departamentos como Cusco, Puno y Áncash concentran la mayor cantidad de estaciones, y que el 80% de los ciudadanos está satisfecho con su radio local. Sin embargo, se denuncia que la publicidad estatal se concentra en Lima, privando de recursos vitales a los medios regionales que promueven la identidad y la cultura local. Finalmente, los expertos coinciden en que la ley no puede caminar sola. Es indispensable integrar la alfabetización digital en el currículo escolar para que las nuevas generaciones desarrollen un pensamiento crítico frente a la desinformación en el entorno digital.
La modernización del sector no es solo un desafío técnico, sino una necesidad democrática para garantizar los derechos digitales de las audiencias. La protección de la infancia y el fomento de una industria nacional competitiva requieren un marco legal que reconozca que, en la era de la convergencia, la responsabilidad sobre el contenido debe primar sobre la tecnología utilizada para difundirlo.
Para mayor información sobre el debate de la regulación audiovisual en el Perú puedes visitar el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=Uf8SBGniYP4&t=187s




