Derechos en el Entorno Tecnológico y la Brecha Digital de Género

Mag. Marisol Castañeda[1]

 

Introducción

La incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ha transformado radicalmente las estructuras sociales, productivas y políticas del siglo XXI. No obstante, este proceso de digitalización global carece de neutralidad, ya que la expansión tecnológica y la gobernanza digital reproducen las desigualdades de género preexistentes en la sociedad. Esta convergencia entre el desarrollo tecnológico y las asimetrías de poder consolida lo que se conceptualiza como la «brecha digital de género», un fenómeno multidimensional que restringe severamente la agencia, educación, empleabilidad y participación ciudadana de mujeres y niñas a nivel global.

Evolutivamente, las políticas públicas han transitado de un enfoque restrictivo centrado únicamente en el acceso material a hardware y conectividad (brecha de primer nivel), hacia un análisis sociotécnico más complejo. En la actualidad, este fenómeno se estudia a través de planos interdependientes que abarcan el acceso material, las competencias y usos diferenciados, y finalmente, los niveles de apropiación y producción tecnológica.

  1. Multidimensionalidad de las Brechas de Género en el Entorno Digital

Para abordar la inclusión tecnológica con rigurosidad, es necesario desagregar las estadísticas generales, dado que la supuesta paridad en la conectividad suele enmascarar formas persistentes de exclusión demográfica y territorial. Existen cuatro dimensiones fundamentales de esta brecha:

Primera Dimensión: Acceso Material y Desigualdad Territorial:

Aunque las políticas de telecomunicaciones han incrementado la conectividad en América Latina, las disparidades persisten. En el Perú, para el tercer trimestre de 2025, el uso de Internet por parte de las mujeres alcanzó un 80,8%, reduciendo la brecha nacional frente a los hombres (83,6%) a 2,8 puntos porcentuales.

  • En zonas urbanas, la paridad es casi total (86,5% en mujeres frente a 88,2% en hombres).
  • Sin embargo, en el ámbito rural persiste una marginación significativa, donde solo el 55,3% de las mujeres accede a Internet en comparación con el 62,6% de los hombres.
  • Asimismo, se advierte una precarización del soporte: en 2025, el 88,1% de las usuarias dependía del teléfono móvil para conectarse, mientras que el acceso a computadoras cayó al 13,3%, lo cual limita estructuralmente su capacidad para producir software o bases de datos.

Segunda Dimensión: Competencias y usos Diferenciados:

El acceso a los dispositivos no equivale a un uso equitativo. Un estudio de Guevara (2020) en Lima reveló que, si bien hombres y mujeres poseen destrezas similares para el «uso operacional» básico, difieren sustancialmente en otras áreas. En el «uso recreativo», las mujeres priorizan redes sociales y comunicación, mientras los hombres se enfocan en videojuegos competitivos y exploración del sistema. En el «uso creativo y productivo», los varones tienden a programar y modificar software, mientras las mujeres se orientan a tareas estéticas y procesamiento de textos, evidenciando una carencia femenina en habilidades tecnológicas avanzadas y ciberseguridad.

Tercera Dimensión: Apropiación y Segregación Ocupacional:

Existe una severa disparidad en la producción de tecnología. Pese a que las mujeres representan más del 60% de la matrícula en educación superior a nivel global, su participación en carreras vinculadas al sector TIC apenas alcanza el 23%. Esta exclusión genera que el diseño de algoritmos de inteligencia artificial y políticas de moderación sigan siendo configurados desde perspectivas y financiamientos predominantemente masculinos.

Cuarta Dimensión: Feminización de los Cuidados Digitales:

Las dinámicas de poder en el hogar determinan el uso tecnológico. La pandemia de COVID-19 digitalizó las tareas de cuidado no remunerado (coordinación de tutorías, citas médicas virtuales, logística escolar), trasladando estas cargas hacia las mujeres. Simultáneamente, el teletrabajo, lejos de ser una herramienta de conciliación, superpuso las responsabilidades laborales con las demandas de cuidado, elevando los niveles de agotamiento (burnout) y ansiedad femenina.

  • Ciberviolencia y Vulneración de Derechos Digitales

La democratización del ciberespacio ha sido paralela a la amplificación de la violencia machista, convirtiendo a internet en un espacio que también vigila y castiga. Según datos de la ONU, el 73% de las mujeres a nivel mundial ha sufrido alguna forma de violencia en línea, siendo el 61% de los perpetradores de género masculino. Las modalidades documentadas incluyen:

  • Difusión no consentida de material íntimo: Creación o intercambio de imágenes sexuales sin consentimiento, usualmente tras hackeos o extorsión.
  • Ciberacoso y Troleo: Amenazas sistemáticas, humillación sexual y misoginia, frecuentemente ejecutadas por cuentas falsas o bots.
  • Raiding (Ciberacoso grupal): Ataques masivos coordinados para intimidar y silenciar a mujeres con perfiles públicos o activistas.
  • Doxxing: Extracción y difusión maliciosa de datos personales sensibles para incitar hostigamiento físico.
  • Vigilancia Tecnológica: Uso de software espía (stalkerware) para monitorear y controlar la movilidad de las víctimas.
  • Violencia Política de Género: Difamación algorítmica y deepfakes para excluir a líderes y candidatas de los procesos democráticos.
  • Sesgos Algorítmicos (IA): Sistemas que reproducen discriminación estructural; estudios de Stanford (2021) evidencian que un alto porcentaje de IA reproduce estereotipos sexistas (44,2%) y racistas (25,7%).

Estas agresiones se perpetúan por la arquitectura misma de internet, que garantiza la replicación instantánea y el almacenamiento persistente del contenido, prolongando el trauma a través de redes de perpetradores secundarios.

  1. Iniciativas de Cambio Cultural y respuestas Institucionales

Frente a esta coyuntura, han surgido diversas respuestas:

  • Campañas de sensibilización: Destacan esfuerzos de organismos internacionales para visibilizar el problema, tales como «Es Real. #EsViolenciaDigital» (ONU Mujeres), «Lo virtual es real» (UNFPA y Fundación Bellamente) contra el ciberacecho, y «#AlHaterNiCabida» (UNICEF y Telefe) enfocada en frenar discursos de odio entre jóvenes.
  • Avances normativos en Perú: Institucionalmente, resalta el Decreto Supremo N.º 002-2025-MIMP, que reconoció legalmente la «violencia facilitada por tecnologías digitales», otorgando criterios procesales contra el hostigamiento y difusión de contenido íntimo. Asimismo, la Ley N.º 30096 (Ley de Delitos Informáticos) sanciona conductas como interceptación de datos y fraude informático. No obstante, la eficacia de estas normativas se ve severamente limitada por la lentitud y demoras del sistema judicial.
  1. Propuesta Metodológica: Alfabetización Digital Crítica y Multialfabetización

Para revertir las asimetrías, se requiere implementar una «alfabetización digital crítica con enfoque de género», la cual empodera a las mujeres para comprender el funcionamiento algorítmico, el uso de datos y la desinformación desde una perspectiva de derechos.

Este enfoque exige promover el ingreso femenino a la ingeniería y la programación, transformando su rol de consumidoras estéticas hacia el de productoras tecnológicas. La UNESCO plantea el concepto de multialfabetización, integrando dimensiones mediáticas, informacionales, digitales y críticas para forjar una «ciudadanía comunicativa digital» capaz de interpretar mensajes e incidir en la opinión pública.

Adicionalmente, las políticas de inclusión digital fracasarán si no se articulan con un sistema integral de cuidados que libere a las mujeres de la «pobreza de tiempo».

 

  • Experiencias Innovadoras de Resistencia Cívica:
    • MonitorA (Brasil): Observatorio que rastrea discursos de odio electoral; identificó que el 40% de tuits hacia candidatas contenían ofensas misóginas o descalificaciones morales.
    • Tecnoresistencias (Hiperderecho, Perú): Espacio de autodefensa digital comunitaria enfocado en identificar acoso, aplicar higiene digital y ofrecer rutas legales de denuncia. https://hiperderecho.org
    • Chicas Poderosas (América Latina): Red que capacita en liderazgo y visualización de datos, fomentando un rol informativo activo.
    • Observatorio de Medios (Concortv y Calandria): Iniciativa enfocada en mejorar la calidad y ética informativa periodística respecto a la cobertura sexista. observatoriodemedios.pe

Conclusión

La consolidación de una ciudadanía femenina sustentada en una sólida educación mediática, informacional y digital empodera a las mujeres, fortaleciendo su autonomía ciudadana y económica. Esta autonomía resulta indispensable para asegurar su ciberseguridad, viabilizar emprendimientos de comercio electrónico y garantizar una participación incidente y protagónica en el debate democrático contemporáneo.

 

[1] Directora de Asociación de Comunicadores Sociales CALANDRIA. Evento “III Congreso Académico: Nuevas Tecnologías y Género” PUCP. 1,2,3 de junio 2026

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