La desinformación, la polarización y los discursos de odio no deben entenderse como fenómenos aislados o simples errores de contenido. Nos encontramos ante una crisis estructural en la producción social de la verdad y un debilitamiento profundo del vínculo social. No se trata únicamente de que circule información falsa, sino de comprender qué factores tecnológicos, culturales y políticos permiten que estas narrativas, muchas veces cargadas de odio, adquieran legitimidad en nuestra sociedad.
Del error individual al ecosistema tóxico
Tradicionalmente, el enfoque se ha centrado en el individuo, bajo la premisa de que «la gente no sabe identificar noticias falsas». Sin embargo, la evidencia sugiere que el problema es sistémico. Estamos inmersos en un ecosistema de desinformación donde las infraestructuras tecnológicas, como algoritmos y bots, amplifican contenidos emocionales y de baja calidad para alimentar una «economía de la atención». En este escenario, las plataformas digitales no son neutrales; por el contrario, condicionan la visibilidad de los discursos porque desinformar genera réditos económicos.
Este entorno facilita el sesgo de confirmación, dificultando cualquier intento de corrección y reforzando identidades cerradas. En el caso del Perú, este fenómeno se ha manifestado con claridad en procesos electorales recientes, donde campañas basadas en el miedo, como las narrativas de «fraude» o «amenaza comunista», no necesitaron ser probadas para ser efectivas; bastó con instalar la duda en redes cerradas como WhatsApp para erosionar la confianza institucional.
Polarización afectiva y el «otro» como enemigo
La polarización que enfrentamos no es racional, sino afectiva. El distanciamiento emocional entre grupos genera una hostilidad que deslegitima al otro como interlocutor. Los discursos de odio no solo expresan rechazo, sino que construyen exclusión activa al apelar a emociones como la indignación y el miedo.
Este «lado oscuro» de la comunicación se entrelaza con la desinformación para estigmatizar a colectivos vulnerables o demandas sociales. Lo hemos observado en las protestas sociales en Perú, donde la difusión de imágenes fuera de contexto y el etiquetado de manifestantes como «vándalos» o «terroristas» sirvieron para justificar la exclusión y silenciar voces territoriales.
Lo mismo ocurre en debates sobre salud pública (infodemia) o educación sexual, donde se construyen «enemigos simbólicos» mediante conceptos como la «ideología de género» para activar circuitos de odio.
Hacia una ciudadanía comunicativa y crítica
Frente a este panorama, las respuestas reactivas centradas únicamente en la verificación de datos son insuficientes. Es urgente transitar de una alfabetización digital técnica hacia una multialfabetización mediática e informacional (MIL) que sea verdaderamente crítica.
Esta propuesta implica formar sujetos capaces de:
- Interpretar y deconstruir: No solo leer el contenido, sino comprender el funcionamiento de los medios y los intereses detrás de los algoritmos.
- Producir con sentido público: Pasar de ser consumidores pasivos a actores que generen contrarrelatos y narrativas inclusivas.
- Ejercer agencia digital: Reconocer la comunicación como un derecho ciudadano y un espacio de participación en la opinión pública.
- Lineamientos para una nueva gobernanza
Para transformar este ecosistema, la intervención debe ser integral. No basta con educar al usuario; se requiere una gobernanza digital que exija regulación transparente de los algoritmos y moderación de contenidos basada en derechos humanos. Asimismo, es fundamental fortalecer a los medios públicos y comunitarios para garantizar una pluralidad real que hoy las redes suelen invisibilizar.
En conclusión, el desafío no es simplemente defender la «verdad» frente a la mentira, sino reconstruir las condiciones sociales que hacen que la verdad importe. Esto solo es posible mediante el fortalecimiento de una ciudadanía comunicativa que no solo consuma información, sino que dispute narrativas, conviva en la diferencia y ejerza plenamente su derecho a comunicar.
Ver presentación en el XXI Encuentro de Derechos Humanos
Referencias principales:
- UNESCO (2021). Competencias de alfabetización mediática e informacional para abordar la información falsa, la desinformación y el discurso de odio.
- Ceretta Soria, M. G., & Cabrera Castiglioni, M. (2024). Alfabetización mediática e informacional y discurso de odio.
- Wardle, C., & Derakhshan, H. (2017). Information disorder.





